lunes, 24 de enero de 2011

Recuerdo lo que fue amar.

Me subí al tren, ya era tarde.
Con los últimos movimientos del barrio de Once, las catacumbas comienzan a abrirse para dar paso a otro tipo de publico habitué de esa zona.
Esa noche me costo conseguir un taxi, camine cerca de 6 cuadras para cuando logré conseguir uno.
Fui a buscar a ella, con la excusa de ir a buscarlo a el. En el camino suena mi móvil, un mensaje suyo; ella le había comentado que yo iba a pasar a buscarla, él dijo que era buen verme esa noche.
Llegue al lugar, un tanto perdida los encuentro atrás de todo. Una situación incomoda, su mirada perdida. Charlas que no recuerdo, pero no concluían en nada y una chica de tatuajes y un vestido que él miraba con insistencia, disimuladamente.
Para cuando el lugar no dio más, decidimos irnos con ella a una fiesta. Él no nos acompaño, simplemente amable nos llevo y se fue. Perdido.

No pude contenerme, tuve que preguntarle a ella. En el recuerdo, en las sensaciones, en el cariño, en la simple imagen de un pasado; ahí él se había perdido.
Le envié un mensaje, me dolía que una extraña que se parecía a ella, me robo de un momento a otro esa energía que el tenia en ese mensaje de texto que me había mandado cuando me subí al tren.
Dijo que vaya a su casa cuando saliera de la fiesta, solo tenia que avisarle para que me abra.
Cerca de las cuatro de la mañana, emprendo la vuelta. Espero el colectivo cerca del río, había mucho viento para ser una noche de verano. Me bajo en la avenida, me subo a un taxi.
Me miro en el ascensor, mi maquillaje ya estaba vencido. Como el de una puta que regresa de trabajar toda la noche.
Me abre la puerta, él en boxer y remera. Me invita a dormir al lado suyo, pero el parecía que quería seguir durmiendo. Me acerco despacio, quería sentirlo. Que dejara de pensar, o al menos que lo único que piense era mi cariño entre sus piernas.

Sí, llegue a él. De un momento a otro estaba encima suyo, me gusta cuando me abraza porque me envuelve toda.
Hay una escena que no recuerdo bien, el recuerdo más próximo a ella son las pieles que nos envuelven. Mis gemidos, los de él. Mis palabras y mis ríos. Esos ríos que ahogaban mi entrepierna. Que a él le gustaban tanto.
Se me escaparon las palabras, esa noche tuve miedo. Después de mucho tiempo, volví a hablar con el cuerpo, con los gemidos, con las caricias, con los ojos.
Estaba enamorada, tarde para arrepentimientos.
Fui feliz, pero al rato me asuste. Me asuste tanto.
Me sentí tan sola, ahogada en mis recuerdos de lo que no fue. Silencio, me dije; quizás no es él.
15 días tarde en volver, pero solo uno para darme cuenta que en algún momento lo amé.

martes, 30 de noviembre de 2010

Dirigiendo el arte.

Lo escucho, está cerca mio. Mis tintas rozan su piel.
Quizás hoy pienso que hubiese extendido por demás ese tiempo arriba de él. Las sonrisas eternas de ese juego sin tiempo. Eso es lo que más recuerdo, como me sonrío cuando lo siento.
Sus susurros, él me habla. Se conecta conmigo, me deja libre. Se hace arte.
Jugamos a pensar en que quizás no sean nuestros tiempos. Yo prefiero jugar a esa guerra de sonrisas cuando estoy con él.
Me siento a su derecha, lo miro y me aprovecho. Lo observo mientras él, solo puede mirar el camino y de vez en cuando mirarme. Mirarme.
Me divertía jugar con él, mientras se veía limitado a mirar el camino a casa.
Esto es legítimo, es de verdad. Sentía que esa y esta vez eran de verdad.
Quizás seas vos, quizás sea el tiempo. En las apariencias siempre volvemos, en realidad nunca nos vamos.
No voy a hablar de vos más que esto. Prefiero esperar al tiempo.
A que mi tiempo y tu tiempo, se hagan todo el tiempo. Pero lo que es aquí cierto es que siempre me haces feliz.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Rider de mi piel.

Tengo esa extraña necesidad de dormirme todas las noches en él.
Tengo ganas de sentirlo adentro y fuera de mi, cuantas veces querramos sentirnos.
Necesito de su carne.
Cuando entramos, nos hablamos. A veces nos besamos. Pero siempre tengo esa necesidad de saborear como crece dentro de mi boca.
Que mi lengua lo recorra, que me hunda el piercing en la lengua, cuanto menos espacio quede en mi boca; muchisimo mejor.
Me ahoga, me empuja. Se hunde en lo mas profundo. La saca, me golpea. Y vuelve, otra vez.
Me encanta, no puedo negarlo. Adoro humedecerla hasta que chorree mi propia saliva, hasta que mis ojos se llenen de lagrimas y el maquillaje se me corra. Como una puta guarra. Pero es parte del juego. Es el tablero que hoy elegimos. Es la pantalla que hay que jugar.
Entonces, seguimos, me da vuelta. Estoy en cuatro.
Me da todo, en un pequeño shot de violencia. Es cuando no sabes si el golpe en seco, fue lo mejor o lo peor y aun asi cuando lo estas pensando, vuelve otro golpe y otro, y otro más y ya no pensas en "el" golpe, sino pensas en que te siga "cagando a piñas".
Exploto. Yo exploto.
Tenemos que seguir, tenemos que ir más alla. De espaldas a el, sentada arriba suyo, me agarro de un lado y del otro de mis nalgas.
Las abro y las bajo, despacito. El me ayuda.
Pero le saco las manos, yo controlo cada centímetro que quiero adentro mio. Yo elijo cuanto de más o cuanto de menos. Él sabe que haciendome creer que yo controlo la situación, me relajo, me dejo, me entrego y ahí me clava su aguijón, su veneno, su sabor.
Me hace lo que quiere, como quiere, cuanto tiempo quiere. No sé como hace, no para. Solo cuando le pido "por favor, basta"... me da unos segundos, me deja respirar. Pero no me deja enfriar que viene otra vez por más, hasta que no me llene de su veneno no va a parar.
Entonces me envenena, me saca, me exprime, me explota. Salpica, chorrea, me moja, me quema. Me aceita.
Me deja fumar.
Me vuelve a buscar.
Otra vez, despacio y violento. Brutal.
Me escupe, me dejo. Me mueve, me dejo.
De espaldas a él, asi me gusta estar. Que por un momento la cámara de sus ojos mire mi cola, mi tatuaje, mi espalda. Mi pelo por encima de la virgen. Mis manos por encima de mi piel. Mi voz con el canto del placer. Mi respiración con el ritmo del movimiento.
El veneno lo tengo adentro, ya corre por mi sangre, por lo más profundo de mi ser. Me ahogo, me ciego, me asordo. Estoy mueriendo, muero de verdad.
Agonizo, me quiero quedar. Pero me voy. No sé, lo pienso. Me quedo.
Confundo. Mis miedos.
Pienso, dudo y mientras tanto pienso que a pesar de todo no me daba el conejo.

jueves, 26 de agosto de 2010

Strings, indoors and other herbs.

Nos veíamos sin conocernos.
El siempre con su instrumento musical, yo siempre con mis amigas.
Se movía raro en el escenario, no lograba entender si estaba en comunión con su bajo, sus compañeros de escena o con el público. Quizás estaba con todos ellos en simultáneo.
Gracias a las redes sociales comenzamos a hablarnos y luego de un mes de histériqueo virtual, surjiò un encuentro.
El Oeste, al màs Oeste.
Una noche con excusa de fumar de sus flores juntos o no, fui a su casa.
Primero estabamos sentados, èl en una silla, yo en el borde de la cama.
Luego de un rato de conversaciòn, èl se me sentò al lado, hasta que pasado cierto tiempo prudente se termino acostando en la cama, mientras yo seguia sentada en ella.
Cerca de las 3 de la mañana, me dice que era tarde que si queria me podia quedar a dormir... claramente no iba a salir para mi casa a las 3 de la mañana de un jueves.
Fue entonces cuando decidimos irnos a dormir, o a asumir que teniamos que sacarnos la ropa.
Una vez los dos acostados, yo le daba la espalda.
Suave y silencioso se acerca a mi oreja.
Siento como me huele y sigue con su juego, perverso, raro, karmàtico.
Era raro, todo raro, como èl en su escenario, como la situación, como saber de su existencia hacia 5 años sin conocerlo.
Las sábanas, las flores, su piel y la mía en un momento lograron tocarse.
Fue excitante, las respiraciones, los besos, yo estaba cada vez más en el punto máximo de mis sensaciones previas a la explosión total.
Lo toqué, con mi pelo, con mi piel, con mis manos y con mi lengua. Lo sentí, me hacia bien, esa noche era bueno. Todo bueno.
Jugábamos el mismo lenguaje del juego. Jugábamos al mismo sexo.
Esa mañana, nos levantamos y salimos al día. Él doblo hacia la derecha después de unas cuadras, yo seguí derecho hasta la vía, unas cuantas cuadras más.
No lo volví a ver.
Después de 6 meses, las coincidencias nos jugaron una trampa.
Me lo encontré en la puerta de su casa a las 3 de la mañana. Pasé, estaba solo.
Su teléfono sonaba constantemente, era una persona de la que no podía separar esa noche. Después de un rato llovió, mucho.
El me pidió que lo besara y que lo abrazara, era la primera vez que demostraba necesitarlos. Yo se los dí.
Esta vez fui yo, quien lo olió, rosé mis labios contra su oreja y comencé a dibujarlo con un pincel natural, comencé a pintarlo, a descubrirlo por cada parte que me gustase con mi lengua y mis labios. Las flores otra vez.
Esa noche me encargué de que amara mi lengua, y creo que lo hizo. Seguía lloviendo y yo ahí, viendo esa pecera iluminada, tan calma y hermosa. Mientras dentro mio pasaban revoluciones de sensaciones, placeres y karmas.
No recuerdo en que momento nos dormimos, al despertar, volvió a entrar. No me cansaba, pero no quería quedarme un segundo más, cada movimiento me hacia conectarme más y yo ya no quería sentirme bien con él.
Me llevo a otra habitación, me mostró unas plantas en unos armarios, unas luces. Y otra vez, ahí mismo. Yo tenia mi campera puesta, estaba lista para irme, un segundo después estaba contra la pared, iluminada por esas luces que salían dentro del armario, des espaldas a él, con mi cara contra la pared.
Volvimos a las sabanas, ya me asustaba, no me dejaba irme me retenían todo el tiempo. Me gustaba negarme, y luego entregarme.
Me vestí, rápido y decidí irme. Ya era hora de cortar esa química, comunión y karma.
Energía, que volvería a compartir. Porque nosé que tiene, pero me atrae.

martes, 17 de agosto de 2010

Deseos de necesidad.

Letargo eterno del máximo placer.
Arriba en la cima, donde vos me ves de abajo y yo de arriba.
Donde los cuerpos se unen como una pieza de rompecabezas, encastran tus piernas entrelazadas y los sueños se congelan un segundo, para luego dejarlos fluir como el cauce de un río. La represa abierta, el caos total. La inundación, el placer, tu sonrisa y la mía.
El suspiro y otra vuelta más.
Ahora subís vos, a la cima del placer. Yo te veo de abajo, hasta logro sentir tu piel.
Entonces elegimos los dos subir a la cima, yo adelante, vos detrás.
Y otra vuelta más.
Giro mi cabeza, estas atrás. Te siento, te miro, te exprimo.
Tengo sed, vos me das. El elixir del placer.
Esta vez yo me río, vos miras.
Mi lengua recorre mis labios, tomando lo último de él.
Te miro desde abajo. Esta vez no caes.
Nos recostamos en el colchón de los pecadores, de los sucios pecadores del placer.
Cerramos nuestros ojos. El letargo otra vez.
Las respiraciones. El uno y el otro.
Una vez más. Y otra vez, quizás.
Mis yemas recorren tu piel, jugando a ser tu cuerpo. Tu dulce y amarga piel, que rozaba hace unos instantes ahora es un simple papiro con miles de historias en él.
Me pregunto si hay pluma que escriba mi nombre.
Me pregunto con qué tipo de tinta se marcará en tu piel.
La tinta imaginaria, de los ríos de color.
La tinta que tiñe mi piel con mil marcas, y no de placer.

jueves, 15 de julio de 2010

Descubriendo, lo interesante de observarte.

Estoy hecha un flancito. Hoy soy una blandita.
Tanto miedo irónico le tenias a mi blog y a mis palabras, que al fin terminamos acá otra vez.
En mi blog y mis palabras.

Tu tono de voz es suave, tranquilo y sereno. Dulce y melódico, tan asi que hasta las palabras más fuertes, sucias y oscuras son placenteras de escucharlas saliendo de vos.
Me miras, te miro. Un cafe, una cerveza, un fernet o un licuado de banana da igual.
Me haces reir, me dejas pensando.
Vuelvo a casa, con sueño, cansada. Pero puedo asegurar que hasta que me viste con los ojos abiertos di todo mi esfuerzo para conservar el tiempo ahí.
Vos me miras, y yo te leo.
Te tirás en un sillón a ver videos en silencio, cerrás los ojos en una cama, me miras en la terraza de un Mc Donals, te reis de los troncos que encontramos tallados. Me inventas mil historias que solo llegan a una, en una YPF pasados de sueño. De un sueño.
Me mirás, sugerís. Te digo que sí.

lunes, 21 de junio de 2010

En caso de urgencia apriete el botón.

No voy a excusarme con mi inestabilidad mental.
Mi mejor amigo hace unas semanas me dijo que el mayor porcentaje de los bloggers escriben post disculpándose por no actualizar.
Yo no tengo excusa alguna, soy una pajera y conchuda que no estaba contenta con las cosas que escribía y me daba fiaca seguir.
Pero aquí me tienen nuevamente, vaya uno a saber.

Yo no acreditaba que el hombre en su afán de ponerla, llegara a palabras tan extremas.
Qué tipo de convencimiento pueden tener hacia alguien que el primer planteo es ponerla y el segundo es ser el amor de su vida.
Que radical.
Bueno así pasa. Primero entran en su posición de macho, si esto no da efecto alguno, utilizan su segunda herramienta la posición de hombre sentimental y dicen palabras tales como "siempre estuve enamorado de vos", "no, porque yo te amo" y lo único que hace es quedar más y más estúpido. Claramente esta persona no solo no logro ponerla, sino que perdió una amiga.
Somos amigos, no te confundas.